¿Hemos adoptado adecuadamente el teletrabajo?

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Esto del teletrabajo ha pillado a muchos a contrapié. Se cumple lo que dice Ángel Medinilla sobre las metodologías ágiles, “el mejor momento para implantarlas fue hace años”. Hoy vamos a tratar cómo vamos adaptando al Teletrabajo.

Muchas startups llevan años adaptándose a las evidentes demandas del mercado laboral, donde exige cada vez más mejoras en las condiciones laborales, entre ellas el trabajo remoto. Mientras, a la vez, muchas grandes empresas viven aún de la inercia cortoplacista de una maquinaria que sigue generando buenas cuentas de resultados, o protegidas y ciegas por el inmovilismo de su sector en general.

Las últimas dos semanas de confinamiento me han mostrado un palmario ejemplo de estas abismales diferencias. Sólo tengo que girarme y ver cómo tele-trabaja mi mujer, para una gran empresa de más de 4.000 personas y compararlo con mi rutina trabajando para una startup, una tan especial que lleva 5 años trabajando 100% en remoto. 

He de decir que ni mi mujer ni la mayoría de compañeras tienen poder alguno para cambiar el funcionamiento de sus protocolos y herramientas, mover las tripas de un dinosaurio es muy complicado. Y en tal caso, vayan por delante mis felicitaciones a aquellas grandes empresas que ya hace tiempo implantaron métodos ágiles, teletrabajo y conexiones remotas, porque tiene un gran mérito, probablemente mucho más que hacerlo en una startup a pesar de contar con muchos más ceros en su presupuesto.

Mi experiencia

Tan sólo pretendo hacer una mera descripción de los hechos, con la intención de abrir los ojos a aquellos que se han encontrado con esto de golpe, para que aprovechen la ocasión y vayan guardándose notas positivas, y si no es mucho pedir, incluso que se planteen mantenerlas tras la crisis. 

Mi rutina diaria: Me siento en mi “estudio”, el que uso habitualmente para trabajar desde casa, desde que empecé hace casi un año en Happyforce. Estoy en uno de los muchos cafés virtuales que compartimos los compañeros para vernos las caras cada día, charlar sobre la vida y reírnos un rato, para distendernos de la intensa concentración que supone estar tú solo trabajando, asincrónicamente como dice Alex, nuestro CEO. 

Asincrónicamente significa que nadie te molesta mientras tú no quieras, que atiendes las necesidades de tus compañeros a su debido tiempo, igual que ellos las tuyas, y que os coordináis para hablar de temas conjuntos cuando ambos tengáis un hueco. En resumen, que todos trabajáis simultáneamente sin molestaros más que para lo necesario y de forma coordinada. 

La experiencia de mi mujer

Mi mujer trabaja ahora a mi lado cada día, las circunstancias han impuesto el teletrabajo en su empresa, de urgencia, aunque ya lo probó 2 días hace un año, para estar lista para posibles emergencias como esta; por circunstancias fue de las pocas en su empresa en probarlo, para la mayoría de sus compañeras es la primera vez que trabajan desde otro ordenador que no es el habitual, o se comunican con el resto de compañeros, jefes o informáticos desde fuera de la oficina.

Yo uso Slack para estar en constante sintonía con el equipo de ventas que me corresponde, sin distraernos, como si fuera un buzón que atiendes de vez en cuando. Ella usa whatsapp, emails o excel para apañarse en la sincronización con sus compañeras; se distribuyen el trabajo aunque a veces se solapan por el retraso en la comunicación por email, porque escribir todo en whatsapp es muy lento, o porque toca esperar a que otro cierre el excel para poder usarlo en modo escritura y no solo lectura (antes en la oficina bastaba con pedir la vez de viva voz). 

Para esto nosotros usamos herramientas en línea, Google Suite entre ellas. Yo tengo fácilmente 3 ó 4 videoconferencias por Zoom todos los días, en general cortas, otras más largas con clientes, para entender sus necesidades y ayudarles. Ella ninguna hasta la fecha; su trabajo no requiere comunicación externa, así que las videoconferencias con compañeros ni se plantean (estoy convencido que a sus jefes ni se les ha pasado por la cabeza). 

Yo trabajo habitualmente a las horas que más me convienen, y especialmente en estos momentos de convivencia con niños (2 en mi caso) puedo adaptarme sin problema, ayudando con las mates o el inglés en un momento dado, mientras ella no ha cambiado su horario; sigue fichando remotamente a las inamovibles horas de siempre.

Abismo de nuestra situación

Estas son algunas pinceladas del abismo que hay entre su trabajo remoto y el mío, y aunque desespera ver cómo pierde largos minutos en procesos que yo tardo segundos, o seguir un protocolo de fichaje que no espero comprender nunca, procuro no frustarla con comparaciones odiosas, porque ni ella ni muchos de sus compañeros tienen capacidad para hacer fructificar las sugerencias de mejora.

Las herramientas

A pesar de todos estos ejemplos, lo más importante no son las herramientas para trabajo remoto – el hype actual (dígaselo a Zoom que ha triplicado el valor de sus acciones durante la crisis del coronavirus) – sino otros aspectos más cruciales y olvidados en estos momentos; la comunicación entre compañeros, la gestión de las emociones, la cohesión del equipo. ¿Qué ocurre cuando 4.000 personas que se veían las caras y hablaban en el trabajo todos los días de pronto se dejan de ver? Quizás la empresa ya tuviera o llegue a implantarles de urgencia una herramienta como Teams para facilitar la comunicación, pero ¿hay alguien que les aporte unas mínimas pautas?

Implantar las herramientas es fácil, implantar protocolos y buenas prácticas de uso no tanto. Mantener al equipo cohesionado y emocionalmente positivo en estos momentos es aún más difícil.

Puedo estar contento de contar con unos compañeros fabulosos, no sólo profesionalmente, sino como personas. Su capacidad profesional se soporta gracias a las herramientas de trabajo remoto que utilizamos. Su valor como compañeros y personas que se apoyan en circunstancias tan difíciles como ésta, no está solo en las herramientas, sino en las buenas prácticas implantadas y la idiosincrasia de Happyforce (nosotros los llamamos Happyforce Way, otros lo llaman cultura de empresa). Ambas son necesarias para un equilibrio perfecto de teletrabajo.

Reflexión

Sinceramente, no me alegra en absoluto saber que muchos nuevos empleados remotos están tan “abandonados” como mi mujer, así que confío en que no haya mal que por bien no venga y al final la letra de la situación impuesta entre, como antaño, “con sangre”. Es decir, que al final, aunque sea de un modo caótico y de urgencia, las empresas aprendan algunas lecciones, no solo de metodología agile o herramientas de comunicación interna, sino también sobre cómo implantar una nueva cultura de comunicación (bidireccional, ya que en una conversación también se trata de escuchar).     

Permitidme pues un último cumplido a los departamentos de recursos humanos y los responsables de gestión de personas, que estos días están lidiando como pueden con esa difícil labor de crear de la nada una nueva cultura de teletrabajo.


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