Cómo definir la Cultura Corporativa en tu empresa

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En el ámbito actual de los negocios, las empresas se encuentran inmersas en un mercado hipercompetitivo en el que la información y las valoraciones sobre productos y servicios fluyen a borbotones por la red.

En este sentido, la imagen que una organización ofrece al exterior cobra una relevancia muy significativa: cada vez son más las empresas que cuidan la imagen corporativa, es decir, la percepción global que se tiene de ellas desde el exterior, y que se refleja en las redes sociales, en sus páginas webs o en portales de entidades colaboradoras.

Qué es la cultura corporativa

La cultura corporativa podría definirse como la marca personal sólida y coherente que imprime la organización tanto de puertas para fuera como hacia el interior.

En otras palabras, es la huella que proyecta la empresa a los ojos del resto del mercado, y cuya seña de identidad se manifiestan en sus prácticas, en sus relaciones y en sus operaciones cotidianas.

Los empleados son quienes deben encarnar, de primera mano, este conjunto de valores, prácticas, prioridades y estilos.

Sin embargo, como suele decirse en el lenguaje popular, las mentiras tienen las patas muy cortas, es decir, las malas experiencias de antiguos empleados (o de colaboradores que conozcan detalles del día a día de la organización) saldrán a la luz tarde o temprano y, si consiguen poner en duda los adalides que ondea la empresa, podrían tirar por tierra la reputación de la organización.

El efecto que tendría sería devastador: clientes reacios, colaboradores desconfiados y candidatos demasiado indecisos.

Características de la cultura corporativa

Una buena cultura corporativa debe responder a las siguientes características:

  • ¿Qué? La visión: la cultura corporativa debe recoger claramente cuál es la orientación, la misión y/o los fundamentos de la organización. Es decir, hacia dónde va, qué pretende conseguir y qué puede aportar.
  • ¿Quién? Las personas: son las que dan forma a las empresas. La organización debe velar por la alineación entre los valores y comportamientos de los trabajadores con la cultura corporativa.
  • ¿Por qué? Los valores: son el núcleo, la guía de comportamiento, la mentalidad global de la empresa.
  • ¿Cómo? Las prácticas: es la metodología a través de la que la empresa se vale para poner en práctica los valores que dice defender.
  • ¿Cuándo? La historia: es la narración del origen de la compañía, el porqué de su constitución y su evolución en el tiempo.

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Cultura corporativa: para qué sirve y sus beneficios

El fin último de una cultura de empresa es respaldar y reforzar la imagen que ofrece la organización mediante un ecosistema que aúne las características previamente descritas.  

El mayor beneficio que puede obtener una empresa de implantar y trabajar una buena cultura corporativa se traduce en la generación de confianza: la fiabilidad es un atributo que suele acompañar a todo aquello que desprende solidez y coherencia.

Al mismo tiempo, la confianza es un factor fundamental, tanto en las relaciones mercantiles como en las laborales (y no digamos en las humanas). Si los empleados confían en la empresa, su rendimiento tenderá a ser óptimo; si la empresa se ha ganado la confianza de los clientes, habrá dado un gran paso para fidelizarlos

Cuáles son sus funciones

Dotar a la empresa de identidad propia

Una empresa con identidad propia tendrá la capacidad de dejar huella allá donde esté presente. Tendrá más puertas abiertas antes de llamar, es decir, despertará el interés de candidatos que quieran poner su talento a su servicio, y atraerá las miradas de los clientes y de los socios.

Contribuir al compromiso de sus miembros

Cuando la organización consigue crear su propia identidad, puede arrastrar consigo a los empleados (al menos, los que comulguen con ella). Si estos se sienten parte de la empresa y se identifican con su «credo», la empresa puede estar de enhorabuena porque, de este modo, habrá conseguido fidelizar a sus propios trabajadores. Pero, como toda fidelización, ha de probarse con hechos.

Concluimos que no sirve de nada inundar los medios de palabras bonitas sobre la empresa si no existe un fondo tangible de las mismas. Si la cultura de la empresa es consistente con la imagen que se proyecta, la organización lo tendrá más fácil para ganarse la confianza de los clientes, colaboradores y trabajadores.

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