El desarrollo de equipos: el ejemplo del deporte

Hay muchas maneras de crecer. En el contexto de cualquier organización en la que estén involucradas más de dos personas (o sea, todas), hay una que se distingue por encima de cualquier otra: el desarrollo de equipos es la manera óptima de mejorar y crecer.

¿Y sabes dónde saben bastante de crecer como equipo? Efectivamente, en el mundo del deporte (sí, en los deportes de equipo, para ser más exactos).

Sobre esto hablamos en nuestro webinar del 2 de marzo de 2022 con un verdadero especialista en la materia: Fernando Sainz-Trápaga es responsable de proyectos formativos en ES.POR.TI, compañía especializada en el desarrollo de equipos. Nos ofreció un excelente ejemplo a partir del rugby que conoce de primera mano en Gente común que hace cosas extraordinarias.

La gestión de equipos, piedra angular

“Viendo jugar un equipo te haces una idea de con quién te gustaría trabajar y con quién te costará trabajo.” Esa frase de Fernando es el pan nuestro de cada día, porque partimos de una realidad palmaria: en un equipo hay de todo. No cometamos el error de partir de la idea, totalmente abstracta y hasta peligrosa, de que somos y queremos a los mejores.

Cuando formamos un equipo, cada uno es de su padre y de su madre, como se suele decir; el primer desafío de la gestión está ahí: en saber encauzar trasfondos, competencias, actitudes, expectativas e intereses diversos en una misma dirección.

Sí, los resultados que se piden a cada miembro del equipo han de ser parejos, pero el cómo conseguirlos cambia en cada caso. O sea, esa noción de “tratar a todos igual” hace aguas. Porque no se trata simplemente de “hacer bien las cosas”; se trata de hacer bien las cosas juntos. El caso de los all blacks neozelandeses es paradigmático: no están los mejores jugadores, están las mejores personas.

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El liderazgo: armonizar personalidades y talentos

De forma que la primera tarea del líder de un equipo es saber elegir personas “comunes” que trabajen para el equipo, es decir, para un proyecto común, y que sean capaces de anteponerlo a los intereses personales. Mucho talento sin esta orientación sirve de poco y puede llegar a ser contraproducente.

Debemos tener claro un principio: la diversidad suma, no resta… cuando se lidera bien. El líder ha de saber asumir cuándo ha fallado en sus parámetros y saber cuándo es necesario tirar de banquillo y hacer un cambio.

Por otro lado, es cierto que en muchos casos los mandos intermedios no eligen su equipo, sino que se lo eligen. Craso error. Pero no es menos cierto que el líder no puede refugiarse en esa excusa. Precisamente es de lo que se trata: de optimizar las piezas que tenemos, aunque individualmente no descolle ninguna, para llegar a hacer algo extraordinario en el plano colectivo.

Los valores que hay por debajo (y por encima)

Todo esto se aplica, evidentemente, de distintas maneras en cada casa, en cada gremio, en cada tarea. Pero sí debe haber unas líneas maestras constantes: los valores. De nuevo el ejemplo de los all blacks nos puede servir de inspiración; ¿cuáles son sus valores de equipo?

  • Humildad. Del entrenador al utillero, la idea es hacer mejores a los que nos rodean; “más al servicio de, no tanto exigiendo a”, dice Sainz-Trápaga.
  • Excelencia. El secreto: hacer las cosas fáciles bien hechas. Ya es mucho. A partir de ahí, las pequeñas mejoras se traducen en resultados.
  • Respeto. Evidentemente dentro del propio equipo, pero también de puertas hacia fuera. De todo y de todos se aprende, y no son palabras vacías.

Y todavía podemos irnos un poco más al núcleo. El valor central es hacer ver a cada miembro del equipo que su colaboración es importante. Todos pueden aportar, y de hecho, es básico preguntar a todos y cada uno de ellos para hacerles sentir partícipes, o sea, parte del equipo. Los efectos en cuanto a motivación y compromiso… Bueno, ya te los puedes imaginar.

¡Calienta, que sales!

El paralelismo entre el desarrollo de equipos deportivos y de equipo de empresa es fuente de inspiración para centenares de managers; ¡plantéatelo en serio! Si no, pregúntale a Jim Loehr; ¿no sabes quién es? Pues te toca ver el webinar…

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