Living office: el entorno de trabajo que hace felices a los empleados

Quizá el título nos ha quedado un poco exagerado; pero que el entorno de trabajo afecta la motivación y el rendimiento de los que en él obran parece indiscutible. Factor central a considerar en la eterna búsqueda de la felicidad (laboral), el concepto de living office está dejándose oír cada vez más al hablar de él.

No nos llevemos a engaño, que esa noción de “oficina para vivir” (es que es difícil de traducir) no deja de ser un potente concepto marketiniano de la megacorp Herman Miller de diseño y construcción de mobiliario de oficina. Pero eso no quiere decir que no haya chicha detrás. Más que suficiente para dedicarle un post.

De action a living…

Nada como remontarnos a 1968 para entender el impacto del entorno de trabajo en el bienestar laboral. Es el año en el que esa misma compañía lanza, de la mano de Robert Propst, el concepto “action office”. Para dar un giro más vital y estimulante al lugar donde pasamos taaantas horas de nuestras vidas. Bienvenidos a la era del cubículo.

Denostado por su propio creador como parte de una “locura monolítica”, seña de identidad del nuevo proletariado postindustrial, llamado por algunos “el Fidel Castro del mueble de oficina” (seguramente por su persistencia), el abuso económico (es que es muy barato) convirtió el concepto del action living en laberintos de paneles superpoblados.

La idea era buena, de verdad. Flexible, funcional y económico, partía del principio de que el empleado ganaba productividad con su trabajo a la vista y no encerrado en un cajón. Pero el caso es que ha resultado poco gratificante, incluso contraproducente. Y parece que no es fácil encontrar la solución…

…pasando por la oficina abierta

El siguiente paso en la evolución conceptual es la oficina abierta. Otra buena intención. Suena a comunicación fluida, a espacios flexibles, a compañeros de trabajo siempre sonrientes saludándose con la mano. Pero resulta en falta de intimidad, ruido, jefes panópticos y espacios de aprovechamiento más que discutible.

Pero de los errores se aprende. Ahora llegamos, por fin, al punto de tener en cuenta las expectativas y necesidades de los empleados para diseñar y construir los entornos de trabajo. La comunicación entre empleados y la flexibilidad espacial siguen siendo valores fuertes, pero ahora también se presta atención a la intimidad o a la comodidad como elementos clave en la productividad.

¿Con el living office habremos dado con la buena? Sus creadores ponen el acento en ese “sentirse bien al llegar al trabajo” que genera motivación y sensación de pertenencia. Y eso está muy bien. No obstante, ya te decimos que no es el entorno de trabajo definitivo, sencillamente porque eso no existe; como diversos somos, diverso es lo que queremos.

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¿Replanteándose la distribución?

Diez modos de trabajo… y sus espacios

Vamos a ver qué podemos aprender de los estudios de la gente de Herman Miller, que identificaron diez modos de trabajo y a partir de ahí diseñaron diez esquemas optimizados, uno para cada uno de esos modos o estrategias de ocupación del espacio laboral. En esos modos nos fijamos:

  • Crear. Son las acciones individuales que requieren mayor concentración. Requieren un espacio privado, tranquilo, no necesariamente grande.
  • Procesar y responder. Las tareas de gestión de correo, las llamadas de rigor o gestionar la agenda se realizan mejor en el mismo tipo de espacio.
  • Conversar. Las conversaciones formales con un propósito específico necesitan un espacio de reunión específicamente diseñado, amplio y limpio.
  • Charlar. Sin embargo, el entorno ideal para las charlas más informales también es colectivo, pero más cómodo y altamente personalizado.
  • Calentamiento y enfriamiento. Una zona “de paso” que traduzca físicamente ese cambio entre tareas y actividades (reuniones, presentaciones, etc.).
  • Agruparse. Cuando un equipo necesita juntarse para tratar algún tema de un proyecto lo ideal es una zona “propia”, una especie de base de operaciones.
  • Co-crear. Las tareas que requieren trabajo colaborativo se realizan mejor en “colmenas”, espacios compartidos de alta productividad.
  • Dividir y conquistar. Los mismos espacios deberían ser suficientemente versátiles para permitir la dispersión de los miembros del equipo para “ocuparse de lo suyo”.
  • Exponer y compartir. Las presentaciones se realizan idealmente en espacios amplios, confortables, atractivos, con los medios necesarios.
  • Contemplar. El modo que más nos aproxima a la felicidad en el trabajo de manera productiva, seguro. Confort y buenas vistas, las claves.

¿Vives en la oficina o trabajas en una living office?

En la era del trabajo en remoto, ¡no confundir con hacer de tu living (room) una oficina!

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