Retroalimentación continua: datos que impactan en el compromiso (y la felicidad)

Hablar de la retroalimentación continua como herramienta para mejorar el rendimiento y el bienestar en una organización se ha convertido ya en un lugar común en el universo de la gestión de personas. Y sin embargo, a la vista de lo mal que nos va, o es que el CEO siempre quiere más, o se ve que no lo hemos pillado del todo.

Así que merece la pena echar un vistazo más a la relación entre el feedback basado en datos, por un lado, y el compromiso de empleado; y su felicidad en el trabajo, ya que estamos.

El concepto de la retroalimentación continua

¿De qué estamos hablando? Salvo que uno tenga una mentalidad absolutamente retorcida (y en ese caso se nos pueden ocurrir todo tipo de aberraciones), este concepto, también conocido como feedback continuo, es claro: consiste en mantener un flujo continuo de información sobre nuestro desempeño laboral y nuestra presencia en la organización en un sentido amplio.

¿Y cómo hacemos que sea un proceso continuo? Hacen falta dos cosas:

  • Ingesta de datos constante: es necesario que “alimentemos a la bestia” con datos de calidad (medibles, comparables, frecuentes, etc.); en tiempo real, o casi.
  • Análisis y seguimiento regular: tenemos que utilizar ese feedback de forma habitual para afinar desempeños y procesos. Sin miedo.

Por si queda alguna duda, que no debería: ¿qué NO es la retroalimentación continua? No es ni un juicio de valor ni un ataque dirigido contra una persona (en todo caso será el análisis de un principio o una práctica específicos). Tampoco es positivo ni negativo (en eso pasa como con cualquier alimentación; te gustará más o menos, pero alimenta). Y no es, o no debería ser, unidireccional.

Feedback continuo: más datos, más compromiso, más felicidad

Hemos dicho que los datos recopilados impulsan por un lado la felicidad en el trabajo, y por otro el compromiso.

  • La felicidad en el trabajo: porque el empleado percibe el feedback como una práctica de atención y de aprecio (y, cuando toca, de reconocimiento). “Me dicen cómo mejorar porque me aprecian”.
  • El compromiso: porque la retroalimentación continua nos ayuda a hacer las cosas mejor; eso nos incita a perfeccionarnos y a aumentar nuestro engagement en lo que hacemos; se llama eudaimonía.

Y como ya hemos dicho alguna vez, y si bien la clave no está en recoger datos sino en “hacer cosas” a partir de esos datos, el mero hecho de recoger datos también ayuda. Dicho más bonito: “algo tan sencillo como intervenir sobre nuestro grado de exposición a determinados tipos de informaciones puede tener gran impacto sobre el comportamiento del sistema” (léelo aquí).

Nos faltaba mencionar el ingrediente secreto: la proyección. ¡Convierte el feedback en feedforward!

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Los antiguos lo sabían… εν τó παν!

La evidencia: casos de estudio basados en datos

Todo esto está muy bien, dirás, pero ¿podemos ver casos reales del impacto positivo de la retroalimentación continua en términos de compromiso y felicidad? Pues sí.

  • Adobe (¿te suenan?) tienen un proceso ejemplar llamado “Check-in” que han ido depurando y que hoy en día se basa en feedback en tiempo real y usan desde el onboarding al crecimiento profesional.
  • Zappos, una dinámica compañía estadounidense de calzado y más, utilizó una tecnología muy parecida a Happyforce para convertirse no solo en pioneros de la retroalimentación continua, sino en un ejemplo de cómo se hace.
  • Ahí tenemos a Julian Álvarez alias “Kusy”, Scrum master y entrenador de líderes de equipos de alto impacto, explicándonos cómo usa la práctica de la “puerta de la felicidad”.

Antes de cerrar, queremos volver a insistir en una cosa: los números no son sino el reflejo de nuestro trabajo. Es decir, los datos no te salvarán la vida. Los buenos resultados en felicidad laboral no se deben a hacer encuestas, sino a utilizar sabiamente la información obtenida en dichas encuestas; y también, a saber aprovechar los recursos de gestión de feedback que una herramienta como Happyforce pone a tu alcance.

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