IA y felicidad laboral; huevos y gallinas

¿Eres de quienes crees que fue antes el huevo o la gallina? Traemos a colación la referencia a la clásica paradoja sobre la causa-efecto porque vamos a tratar una relación entre IA y felicidad laboral que seguramente no te esperas, y unos resultados que probablemente no te imaginas: los empleados más felices lo tienen más fácil para adoptar y trabajar con inteligencia artificial.

Y además, resulta que el “intermediario” es el estrés; y que se trata del estrés visto como un elemento positivo. A nosotros, desde luego nos resulta sorprendente (¡y muy estimulante!)… Total, que aportamos otro granito de arena a nuestras reflexiones sobre las dinámicas que se están generando entre la inteligencia artificial y las posibilidades de ser felices en el trabajo.

¿De dónde viene todo esto?

Las cartas sobre la mesa. El punto de partida para este texto es el artículo de Correia Loureiro et. al. (2022) llamado Trabajando con IA: ¿el estrés puede traer la felicidad? (en inglés, ojo, la traducción es nuestra). El título suena casi provocativo, y con esos ingredientes que presenta, a ver quién se resiste a leerlo… Las conclusiones son todavía más chocantes.

Chocantes, pero bien fundamentadas. La conclusión, así resumiendo, sería: la presencia de inteligencia artificial en el trabajo puede generar desafíos, pero también satisfacciones; la gestión del estrés generado por la IA y su conversión en eustrés depende en gran medida del nivel de compromiso de los empleados (a mayor nivel de compromiso —y felicidad—, más facilidad para integrar IA y).

Ya que estamos, mencionar también las luces y las sombras de este artículo científico sobre IA y felicidad laboral. El principal defecto es el sesgo, dado que la muestra se basa exclusivamente en aplicaciones de la IA en atención al cliente en sectores de hostelería y turismo en contexto portugués. Entre las virtudes, la combinación de un estudio cuantitativo con una estadística sólida y otro estudio cualitativo basado en entrevista semiestructuradas.

¿Qué me quieres decir?

¿Vamos demasiado rápido? Bueno, empecemos recordando que:

  • la irrupción de la inteligencia artificial en el ámbito laboral genera tanto retos y desafíos como estímulos y satisfacciones;
  • el estrés no nos gusta, pero el eustrés (la reacción fisiológica de afrontamiento percibida como estimulante y placentera) nos encanta; y
  • el compromiso laboral (según Kumar y Pansari 2016) tiene cinco dimensiones: lealtad, rendimiento, identificación, satisfacción e implicación.

Partiendo de esto, la conclusión central del artículo es la siguiente: los empleados reconocen las virtudes operativas que ofrece la IA, pero solo tienen unas actitudes más positivas y aprovechan mejor las soluciones proporcionadas cuando tienen altos niveles de compromiso.

Es decir, IA y felicidad laboral se relacionan positivamente (generando eustrés) cuando el talento humano está comprometido; pero se puede convertir en fuente de estrés cuando el nivel de compromiso es bajo.

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Photo by Ono Kosuki at Pexels

Entonces, ¿cuál es el huevo y cuál la gallina?

Pero para liarla un poco más, Correia Loureiro y compañía declaran en su artículo que “el uso y la interacción con algoritmos y agentes de IA en el lugar de trabajo pueden incrementar la felicidad del empleado”; entonces, ¿en qué quedamos? La clave viene a continuación: …“si se dan las condiciones adecuadas”.

O sea: para que IA y felicidad laboral vayan, por así decir, de la mano, la organización debe generar unas demandas estimulantes, pero también proporcionar unos recursos de apoyo (materiales, operacionales, relacionales, emocionales) suficientes; y si puede ser más que suficiente, mejor que mejor, claro.

¿Y cómo se hace eso? Buena pregunta, para la que no tenemos la respuesta. Pero sí sabemos que el punto de partida es medir los niveles de compromiso (y de felicidad, ya que estamos) de tu talento humano; y luego plantear estrategias alineadas con el propósito y valores de tu organización, que se hagan efectivas en acciones concretas. A partir de ahí, ya es cosa tuya…

Imagen de portada: Alison Burrell en Pexels

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